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Historia

Introducción

Pocas son las huellas que quedan de sus tiempos remotos. Don Benito Gómez hace alusión a que “don Juan Cabré descubrió en las inmediaciones de Villel un gran monumento arqueológico, con grabados e inscripciones romanas, griegas y celtíberas”. La realidad es que hoy nadie sabe nada al respecto; tal vez se refiera a las excavaciones efectuadas en Villastar.

Vista antigua de Villel 

Villel tiene una amplia historia, quedando reminiscencias desde la prehistoria, pasando por los celtas, la celtiberia, el periodo cartaginés, así como el romano, el visigodo y el musulmán, en el reino de Aragón, en la España de los Austrias, así como en la de los Borbones y la Guerra de la Independencia, durante la Constitución de 1.812 y el reinado de Fernando VII, en la II República, la Guerra Civil y hasta nuestros días.

Pero de lo que sí tenemos amplia constancia documental es a partir de la Edad Media.


Vista antigua de Villel



El Cid Campeador

Y por estas tierras también cabalgó el Cid. El año 1.090 derrotó al conde Ramón Berenguer II en el pinar de Tévar, no lejos de Morella, donde ganó la espada “Colada” y exigió un alto botín por su rescate. El 1 de febrero de 1.092 el Cid declaró la guerra de Chehaf de Valencia, que había matado a su amigo Alcádir. Cuando estaba cercando la ciudad de Valencia el rey don Pedro de Aragón le comunicó las intenciones del señor de Albarracín, Abelmélic, que le había pedido que se uniera a él para ir sobre Valencia contra el Cid y al que por otra parte se niega a pagarle tributo.

Como señala Martínez Calvo (1.985) es “cuando el Cid en plan defensivo y ante la amenaza de los almorávides que asoman por Al-Andalus (Andalucía), ocupa el paso del Guadalaviar, construyendo entre Libros y Villel otra fortaleza sobre una roca que recuerda su nombre: Peña del Cid”.

Desde esta fortaleza los meses de agosto, septiembre y octubre de 1.093 fueron de castigo por tierras de Abelmélic, lo que hizo a éste volver a la obediencia y acceder a pagar mayor tributo. Así consta en la España del Cid, de la Historia Roderici.

Pero la ocupación de Villel por el Cid fue breve. A su muerte el castillo volvió a ser recuperado por los sarracenos.

 

La conquista de Villel y su Privilegio

Según el cronista Zurita la conquista de Villel se llevó a cabo en noviembre de 1.180. Para Villarroya ocurrió en 1.179; este autor se basa en las averiguaciones de don Agustín Buj y así escribió: “la donación de Villel y su señorío, hecha por don Alfonso II de Aragón a favor de don Martín Pérez de Villel, tiene fecha de febrero de 1.180, y es regular que no diese el rey el señorío de la villa antes de ser conquistada”. Aparte de esto también recoge la tradición que afirma que Villel se ganó a los moros en el día de San Briz, cuya festividad se celebra el 13 de noviembre y el pueblo lo eligió como patrono en virtud de esta circunstancia.

La Real Cédula de 1.180, auténtica Carta Puebla de Villel, fue despachada en Daroca por el rey don Alfonso II. En ella se nombraban los pueblos sobre los cuales tenía jurisdicción el señor de Villel: Libros, Riodeva, Cascante, Valacloche y Tramacastiel.

Al “Privilegio de la población de Villel” otorgado por Alfonso II pronto se unieron otros fueros. En la Historia de Nuestra Señora de la Fuente Santana se citan a don Alfonso IV y a la reina doña Leonor como los más importantes que la ennoblecieron.

El año 1.196 Alfonso II donó a Martín Pérez el señorío de la villa de Foces y cedió Villel y sus aldeas a la Orden de Caballeros Templarios; éstos se establecieron en el castillo y a nombre del rey gobernaba su distrito un caballero de la orden con el título de comendador.

Uvieto hace referencia a estos acontecimientos en los siguientes términos: “En diciembre de 1.187, el rey Alfonso II daba al comendador de Alfambra el castillo de Villel con todas sus tierras, añadiendo el molino y el horno que se había reservado anteriormente, así como las villas de Tramacastiel y Cuevas de Ena. Y finalmente, en abril de 1.196, daba al Temple las posesiones de la Orden de Alfambra, entre la que se contaba el castillo de Villel y la Peña de Rodrígo Díaz”.

Cuando en 1.312 fue extinguida la Orden de los Templarios pasaron sus bienes a la Sagrada y Militar Orden de San Juan de Jerusalén. Obtiene el señorío de esta villa un caballero de la mencionada orden que se titula comendador de Villel.

 

La Guerra de la Independencia

Otra página sangrienta y gloriosa la constituye la guerra de la Independencia española. A finales de 1.809, repuestas las tropas de don Pedro de Villacampa de la acción de Orihuela del Tremedal, se atrevió a desalojar a los franceses de Teruel y Villel. Al general francés Suchet le interesaba tener libres las comunicaciones con Teruel, Daroca y Zaragoza para organizar una expedición que conquistara Valencia; así que ordenó una batida contra Villacampa. El 10 de febrero de 1.809 Villacampa se retiró a Villel y destinó el santuario para hospital y depósito de municiones.

Era un día frío y ventoso y el río traía un fuerte caudal de agua, lo que complicó aún más las cosas. El balance de la retirada se tradujo en estas bajas: tres vecinos muertos, un capitán, un alférez, veinticuatro soldados, unos treinta heridos y varios desaparecidos.

En las Memorias del Santuario el prior de la Fuensanta relató el saqueo de Villel, cómo atropellaron a los paisanos y requisaron trigo, ropas y animales que los vecinos no pudieron sacar al campo. En días sucesivos bajaron desde Teruel más partidas de franceses para llevarse unas 3.000 fanegas de trigo además de maíz, cebada y avena que la Orden de San Juan guardaba en el castillo. El 17 marchó Laval hacia Gea de Albarracín y el 18 se presentó delante de Albarracín, que fue tomado y saqueado.

Las tropas de Villacampa no se rindieron y obtuvieron una sonada victoria en el Puerto de Albentosa, capturando 170 prisioneros y tres cañones. Estos prisioneros fueron confinados en el santuario. La respuesta de Suchet no se hizo esperar y el día 18 de marzo de 1.810 se produjo el saqueo del santuario, desmantelándolo por completo sin dejar nada de valor. Suchet fracasó en la expedición de Valencia y concentró sus ejércitos en los sitios de Lérida, Mequinenza y Tortosa, lo que permitió movilidad a Villacampa, que llegó en sus correrías hasta Cariñena y La Almunia. Enfadado Suchet por la osadía del guerrillero, destacó al general Klopicki con unos 5.000 infantes y 400 jinetes, con la orden de aniquilar a Villacampa.

Una vez más una batalla decisiva se fue a librar en esta zona donde Villacampa se refugió con unos 3.000 hombres, más los refuerzos de 400 soldados del batallón de voluntarios de Cariñena y el provincial de Soria, que acamparon en la rambla del santuario. El día 12 de noviembre se libró un choque decisivo; rechazaron hasta tres veces los ataques de los franceses, pero al final fueron derrotados.

 

La Guerra Carlista

En el año 1.836 la guerra carlista, que apenas se había notado en Aragón, se intensificó gracias al genial Cabrera que era jefe del ejército carlista en Aragón y había logrado unir y coordinar las numerosas “partidas” carlistas (grupos de hombres armados echados al monte), levantadas en territorio montañoso. Se hizo fuerte en el Maestrazgo y estableció en Cantavieja (Teruel) su estado mayor. Desde allí y con pocos medios consiguió varios éxitos militares, por lo que fue ascendido a mariscal por el propio D. Carlos. A partir de Agosto del mismo año y como consecuencia de la proclamación de la Constitución de Cádiz en la Granja, donde estaban la Regente y su corte, se agudizó aún más la guerra.

El 18 de Junio de 1.837 se promulgaba una nueva Constitución basada en la de Cádiz, pero adaptada a las nuevas circunstancias.

En Aragón la I Guerra Carlista fue muy sangrienta: se dictaron medidas represivas para evitar que los mozos de los pueblos se unieran a las “partidas carlistas”. En Zaragoza, como en muchas poblaciones, se emitió un bando avisando que se multaba con 320 reales mensuales, a los familiares o en su defecto a todos los vecinos del mozo unido a los carlistas, excepto a los que pertenecían a las milicias isabelinas. Esta medida hizo que muchos mozos desistieran hacerse carlistas, pero provocó que los afectados tomaran venganza al entrar en sus pueblos las partidas.

 

La Guerra Civil

Como a muchos pueblos cercanos a la capital, la denominada “Batalla de Teruel” marcó el rumbo de sus vidas. El frente se estabilizó a 2 km de Villel, nada más pasar el Estrecho, y permaneció así hasta nueve meses antes de acabar la contienda nacional. El pueblo vivió toda la guerra con intensidad, entre dos líneas de fuego, hasta tal punto que al finalizarla sólo quedaban veintisiete personas; el resto se habían ido desperdigando. Testigos presenciales destacan la lucha en el alto de Carboneras, el 15 de agosto, donde quedan restos de un cementerio.

En el mapa de la batalla de Teruel confeccionado por Salas Larrazábal aparece Villel en los dominios de las fuerzas gubernamentales, concretamente del XVIII cuerpo del Ejército, que logró una penetración hasta San Blas y consolidó el frente que iba desde Villastar hasta Castralvo.

 

 

Fuentes de información:

Folleto VILLEL, MÁS ALLÁ DEL ESTRECHO. Textos de MANUEL PASCUAL GUILLÉN. Publicado por IBERCAJA OBRA CULTURAL.

Libro: VILLEL, Historia, costumbres y tradiciones de FERNANDO A. MÍNGUEZ MÍNGUEZ.


 

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